Garibaldi y Montevideo

Un sitio de Carlos Novello

Aduana de Montevideo - 1838 - A. Earle - Gentileza del Archivo de la Ciudad de Montevideo

Presentación

Cuando Garibaldi fue condenado a muerte, después de su intervención en el fracasado levantamiento por la libertad de Italia organizado por Mazzini en 1834, emigró al Brasil.

Primero estuvo en Río de Janeiro donde se unió a la sección local de la Joven Italia.

Luego, cuando se inició la revolución republicana en Río Grande del Sur-también llamada Farroupilha porque la integraban, en su mayoría” los farrapos” (los harapientos) continuó allí la lucha por la libertad, la república y la democracia que ya iniciara en el noroeste de Italia junto a Mazzini.

Las ideas mazzinianas se difundían en el país sudamericano a través de la palabra y los escritos de numerosos republicanos italianos exiliados. Cuando se crearon las condiciones políticas que hicieron necesario recurrir a las armas para que se reconocieran los derechos del pueblo y de los Estados por parte del Imperio central, estos exiliados estuvieron también en la guerra junto a los dirigentes brasileños encabezados por Bento Gonçalves.

En esa lucha se destacaron, además de Garibaldi, Zambeccari, Rossetti (que murió en el campo de batalla y que fuera un incansable difusor de las ideas democráticas por medio del periódico que editaba, “O povo”), Cúneo y otros, junto a los líderes locales.

La revolución Farroupilha fue vencida por el Imperio. Es entonces que Garibaldi, con Anita y Menotti, su primer hijo, se dirigió hacia Montevideo, en 1841. Aquí se unió a los otros exiliados italianos que ya se encontraban en nuestra capital.

Después del derrocamiento del presidente Oribe por parte de Rivera, apoyado y utilizado por los franceses para afianzar su política económica en el Río de la Plata, comenzó la llamada Guerra Grande contra el gobierno de Rozas, el dictador bonaerense.

Luego que Pueyrredón, culminando la política monárquica de los gobiernos de Buenos Aires, al no poder vencer a Artigas, a su sistema democrático-republicano y al pueblo Oriental que lo seguía, regaló al emperador del Brasil la Provincia Oriental conjuntamente con Artigas y su pueblo, todos los gobiernos bonaerenses-desaparecido Artigas de la arena política-trataron de recuperar estas tierras.

Pero la semilla del artiguismo ya había germinado en el pueblo uruguayo, que no concibe otro sistema político diferente al artiguista si no es como una situación enfermiza, anormal, y contra la cual se debe luchar para eliminarla como se hace con un tumor maligno.

Rozas, aprovechando la situación que se le presentaba, intentó también recuperar lo que ya era irrecuperable para los gobiernos bonaerenses, centralistas y absolutistas.

Es con esta realidad política con la que Garibaldi se encontró al llegar al Uruguay de mediados del siglo XIX y, naturalmente, se puso al servicio del más débil para ayudarle a luchar contra el más fuerte. Junto a un gobierno que, a pesar de la acción de Rivera-a quien Garibaldi juzgó siempre muy severamente-sostenía un sistema democrático y republicano, acorde con los principios de la Joven Italia, la organización creada por Mazzini.

En Brasil Garibaldi se había acercado a la Masonería, que sostenía las metas de la Revolución Francesa, por tanto, la lucha por los derechos del pueblo en contra de los privilegiados de siempre. En Montevideo confirmó su adhesión a esa Institución dentro de la cual alcanzó, por sus acciones y la fidelidad a la esencia ideológica de la misma, los grados más elevados que no significaron para él más que confirmar su compromiso con esos principios.

En Montevideo y en el resto del Uruguay (que él llamó siempre “Repubblica di Montevideo”) Garibaldi con la Legión Italiana, creada aquí como una unidad militar formada por voluntarios italianos y cuya jefatura asumió, comenzó a ejercer por primera vez el mando en una unidad armada que actuaba al servicio y bajo las directivas del gobierno de Montevideo, aunque con amplia autonomía de acción.

La experiencia militar y de mando consensuado (siempre que fuera posible), que adquirió al frente de la Legión montevideana fueron de fundamental importancia para la formación de un dirigente popular y militar, que posteriormente la aplicaría en su vida política y militar en las luchas por la libertad de su país y en pro de su unidad política de las que fue, junto con Mazzini, un punto de referencia obligada.

En América, Garibaldi asumió y completó su concepto de “pueblo del mundo”, de esa patria sin fronteras en la cual la unidad de los diferentes pueblos, su libertad y su desarrollo democrático, dieron forma a una ideología que lo guió durante toda su vida.

Aquí, mientras luchaba junto a los uruguayos que defendían su independencia y su libertad de los opresores de dentro y de fuera de fronteras, Garibaldi afianzó su vida privada junto a Anita, quien llegó a estas tierras como legendaria heroína brasileña, vivió en Montevideo como madre ejemplar de una numerosa familia, afrontando miserias y sacrificios y fue a la patria de su hombre a luchar junto a él por la libertad y la unidad de Italia donde perdió su joven vida de ejemplar mujer de pueblo.

En estas páginas que se abren al espacio sin límites el lector encontrará información y conceptos independientes que, a menudo, van en contra de las diferentes corrientes políticas que, tanto en América como en Europa, trataron de apropiarse de una figura de prestigio internacional como la de Garibaldi, para justificar o legalizar acciones y posiciones políticas que poco o nada tuvieron que ver con las de Garibaldi y, muchas veces, fueron clamorosamente contrarias a sus principios y sus actos.

Otras veces, la oposición a Garibaldi proviene de una absoluta ignorancia de su historia o, lo que es peor, de la tergiversación aviesa de la misma, aun hoy, a más de 200 años de su nacimiento y a más de 120 de su muerte.

En esta página el lector encontrará el tratamiento de temas que todavía son controversiales; los orígenes y la explicación de otros que habitualmente fueron obviados o distorsionados por historias “oficiales” que dejaban de lado total o parcialmente la historia verdadera: aquella que surge de los hechos y de la documentación auténtica.

No se pretende ser dueños de la verdad absoluta e indiscutible. Puede haber otras opiniones tan válidas como éstas.

Así lo plantea quien dirige la página: Carlos Novello, un investigador serio y responsable que tiene como norte la más absoluta libertad de opinión y de expresión del pensamiento.

A tal punto, que fue él quien propuso, a través de la Asociación Cultural Garibaldina de Montevideo el proyecto de ley, aprobado por el Parlamento uruguayo con la misma exposición de motivos propuesta por el autor del proyecto que el Poder Ejecutivo transformara en ley en 2004, por la que se declara en el Uruguay el 20 de Septiembre, fecha en la que se celebra la Unidad de Italia, como “Día de la Libertad de Expresión del Pensamiento”.

Él fue, también, quien fundó en 1985 la Asociación antes citada, apenas liberado el pueblo uruguayo de la oprobiosa dictadura a la que lo sometieron-como a casi todos los demás países latinoamericanos-los intereses estadounidenses en el esquema de su “guerra fría” con la ex Unión Soviética.

Novello propuso su idea a dos obreros democráticos: Hugo Rappa y Violeta Formento, quienes formaron el núcleo primitivo de la novel Institución, a la que se unieron en seguida dos demócratas italianos: el Prof. Dr.Ac. Guido Zannier-quien había actuando como “partigiano” en la guerra de liberación de Italia contra el fascismo y sus aliados-ocupantes nazis; la otra personalidad que integró la primera Directiva de la Asociación fue la Prof. Dra. Luce Fabbri, anarquista que llegó a nuestro país en el año 1929 perseguida, como su padre Luigi, por el régimen mussoliniano

Ya estaba en pie y comenzaba a andar una Organización nacida como homenaje al pueblo uruguayo que había retomado por medio de una lucha sin descanso su natural régimen democrático-republicano y con él la herencia artiguista y, al mismo tiempo, como homenaje al pueblo italiano en la persona que lo representa más cabalmente a través de la historia moderna de ese país: José Garibaldi, ejemplo de demócrata y de republicano.

En 1986, también fundada por Novello, quien es actualmente su Director Responsable, comenzó a publicarse –y lo hizo sin interrupción hasta hoy-la revista anual de historia “GARIBALDI”, órgano oficial de la Asociación Cultural Garibaldina de Montevideo, Institución que continúa funcionando con un valioso equipo de dirigentes.

En esta página se incluyen importantes artículos publicados en “GARIBALDI”. en español y en italiano, sus dos idiomas fundamentales, así como ejemplares completos de muchos de los últimos números de la revista en los que ocasionalmente se podrá encontrar artículos en portugués y en francés.

Es la revista de historia más importante fuera de Italia dedicada a temas garibaldinos relacionados con el Risorgimento Italiano y con la historia de América del Sur durante ese mismo período del siglo XIX.

La revista “GARIBALDI” llega a Italia, Francia, Alemania, los Estados Unidos de Norte América, México, Nicaragua, Brasil y Argentina.

Ahora pretende expandir su difusión, a través de los medios electrónicos, a los lugares más remotos del planeta, teniendo en cuenta que lo que se conoce como “el mito garibaldino” alcanzó lugares tan inesperados como India o Japón.

J.G.R.

Carlos Novello Carlos Novello